Catorce años enamorado
- Javi James

- 12 jun
- 7 min de lectura
Actualizado: hace 7 días
SOLO UN CUENTO DE AMOR
Les voy a contar un pequeño cuento de amor. En realidad, parece ser un guion. Me lo encontré por ahí. En este guion un tal Adán relata su vida junto a Phía, como una película, algo medio confuso, y esto es lo que más o menos comprendo;
Extrañamente, Adán comienza dejando claro que el material se filmó, y que esos tiempos con Phía fueron una transliteración del verdadero amor. Hoy esa cinta grabada tiene un gran valor —dice—. Muy bella de apreciar. Él tiene una copia de esta, pero no sabe que copia tiene ella —da a entender que hay más de una versión—.
Al observar hoy transcurrir la cinta, a Adán le parece evidente que ella tiene una versión muy parecida. Sospecha que en muchas cosas coinciden, como si fuere una sola, aunque no con extrema precisión. En una parte, al parecer, se delata que el andar del personaje masculino era medio torpe. Aunque eso quizás cubre gran parte de la cinta —entre risas y lágrimas Adán lo da a entender—.
Todo comenzó muy de jóvenes, había una conexión muy especial. Pero menciona que los últimos siete años estimativamente, al personaje de Adán le encantaba ostentar su amor por Phía. Ese amor ya era tan grande y puro que no entendía cómo manejarlo. La obsesión que nace de la discapacidad para manejar el amor, puede llevarte a cualquier lado —cuenta Adán—. El personaje tuvo una buena canalización de esa obsesión, aunque atravesando una gran entropía. Fue buena en el sentido de que no la involucraba a ella directamente. Era él contra él. Su obsesión lo llevaba a tener sueños y pensamientos lujuriosos erráticos, tanto en términos materiales como eróticos. No había foco claro, y todo se entremezclaba con su crisis existencial. Al mismo tiempo, estaba siendo consciente de todo ello. Tenía la psique fragmentada. Al borde del colapso. Él mismo se pedía coherencia.
Si había algo que le daba fuerzas, era su parte coherente, y claramente, el amor que recibía de ella. Adán era capaz de cualquier cosa para que Phía sea feliz. Inclusive que la vida de ella fuera al lado de otro. Eso no quedó solo en teoría, porque la primera separación —en la que ella salió por la puerta con su ropa— fue un gran experimento para Adán. Luego de sentir que el mundo se le caía encima, llorar mares, y totalmente desorientado, él pudo retomar rumbo y llenarse de confianza, valentía y entusiasmo para rearmar su vida solo. Pero lo más sorprendente —cuenta él—, era que la aceptación de retomar su vida solo, estaba basada en la aceptación de que ella podía ser feliz sin él, de que no le iba a pasar nada, por lo tanto, a él tampoco le podía pasar nada. Y que además de eso, Phía podía seguir contando con él para cualquier cosa, ya desde otro lugar. Porque el amor no se había ido, solo habían cambiado las circunstancias. Se sentía como una gran amistad, gran respeto. Dice que lo vio así de simple y con gran entusiasmo, por supuesto, luego de pasar treinta días de tormento inundado de lágrimas, sin verla.
Más sorprendente aún, fue que luego de ese periodo, Phía volvió muy emotiva, con la intención de reanudar la pareja. Adán, algo frío por haber logrado pasar esa entropía, y tener la entereza y la confianza de continuar solo, reflexionó, y se preguntó, “si la amo, y ya tengo confianza en mí para seguir solo, podríamos probar una nueva forma de vincularnos, más coherente, más potente, podríamos crear nuevas cosas, ¿o no?”. Fue entonces cuando ellos, conmovidos por la profundidad de las circunstancias, comenzaron un nuevo camino juntos.
Este nuevo camino, llevó a Adán a realizar el ritual más grande de su vida. Sin dudas eso era una clave. Ese rito, fue el de elegir una vida al lado de ella, fue elegir el amor, literalmente, dejando fuera el ruido mental, y esa ansiedad irrisoria. Comenzó a comprender lo que lo confundía, y ya sus ojos no tenían el mismo efecto al observar otras figuras femeninas. Lo efímero se delataba, él poco a poco se equilibraba. En el momento ritual, en soledad, y mirando al cielo, pudo descubrir empíricamente que esa función mental asociada al erotismo, debía responder a algo más, y no controlar. Entendió que, si eso actuaba automáticamente, uno se convertía en marioneta, en algo ridículo, no tenía sentido. Lo salvaje solo era una parte del humano. Actuar de esa forma instintiva entonces, para Adán, significaba negar lo que primaba — el amor, que más tarde entendería como libertad—. Es así, que pudo detectar la patología en esa función salvaje —dice Adán—, pero eso chocaba con la realidad consensuada colectivamente, asique ya empezaba a desencajar y a asilarse en lo social. Solo quería compartir momentos con ella, y continuar intentando obtener claridad en su vida.
Luego de eso fue como si el amor explotara, y con ello —paradójicamente—, la vida de Adán comenzó a derrumbarse, con grandes cambios en la percepción de las cosas. Era la torre del tarot literalmente. Por un momento, él piensa que Phía sufre las consecuencias de esto. Pero años después de la separación definitiva, Adán entiende que cada quien tiene las consecuencias de sus propios actos —responsabilidad, sin culpabilidad—. A pesar de ello, el hecho de no saber como hacer para que esa crisis no afectara a su amada lo hacía sufrir igual, y su ego, bastante bien aspectado por ese entonces, no le permitía victimizarse mucho tampoco. De alguna forma quería superarse. La incoherencia aún se paseaba.
Ese rito de unión, luego se proyectó en el clásico casamiento. Adán cuenta que a partir de esta nueva unión cada uno comienza a encontrarse consigo mismo, y la pareja comienza a transformarse en algo más parecido a una amistad, con sumo respeto, cariño y admiración, pero con rastros de tristeza, porque ya se olía despedida.
Él confiesa que, en los últimos años, aún no sabía bien para donde iba su vida, pero ya estaba viendo para donde no iba. En cuanto a Phía, ella ya tenía un rumbo más claro, y Adán estaba muy feliz por eso. La consciencia de él en ese aspecto estaba muy tranquila, porque siempre empujó para potenciar las capacidades de ella. Una admiración que estuvo desde el principio.
Por otro lado, el estar perdido era triste para él, porque comenzaba a darse cuenta de que como hombre no podía materializar los sueños de la familia que esperaba ella. Y en él ya había comenzado a despertar una especie de ermitaño justiciero y disruptivo, que todo lo cuestionaba. No como queja, tampoco con enojo, sino cómo una visión cosmológica propia que se estaba formando. Una especie de filosofía de vida que asomaba. De a poco se iba haciendo más minimalista. Años después eso lo llevaría de lleno a dimensiones desconocidas, paralelas, para estudiar las fuerzas del amor desde otros ángulos, siendo su propia rata de laboratorio. En contraste, la simpleza de ella era una vida familiar, una transliteración del amor, como venía haciendo en su vida de pareja con Adán, aunque muy entusiasmada por su nueva profesión artística y creativa.
Aún hoy, él no puede dejar de admirarla. Tan capaz, tan hermosa, y tan resiliente. Ella después formó familia, y Adán cuenta que al conocer el hermoso hijo de Phía, sus ojos se iluminaron —ojos de Adán—. Él se sintió muy feliz, aunque en los ojos de ella percibió cierta tristeza. Quizás fue solo un reflejo de él mismo —dice—.
Esta cinta es su estudio, —cuenta Adán— y es la prueba de que el amor es eterno. No hay obsesión en ello. En realidad, el amor es obstinado, con una pisca de obsesión. Si no pregúntate —dice— ¿Por qué a uno lo llena de amor ver a su amada ser feliz con alguien más? Eso es hermoso e irrefutable.
Recapacitando sobre el pasado para sobre escribirlo —dice Adán—, nota dos cosas muy tristes. Una es que, en el último tiempo, antes de separarse, él no paraba de escribir este guion, inclusive en la madrugada, mientras ella se acostaba sola por las noches, diciendo “me voy a acostar”, insinuando que Adán dejara de hacer lo que estaba haciendo. Esa actitud estúpida de él, le ha costado hoy muchas lágrimas y una reparación kármica que a la fuerza ha dado orden a su vida. Buenos frutos al fin. La otra cosa, es haber sido tan lento para obtener claridad, ya que eso llevó a que tuvieran poca interacción, poco diálogo en el último tiempo. De hecho, la propuesta de finalizar surge de Phía, y Adán solo asiente. Él ni siquiera tenía valor de asumir eso, hasta que se lo mostraron.
Al tiempo de separados, él sueña que ella enferma gravemente, y entiende que es una premonición. Phía le dice que no se preocupe, que está bien. Al mes cae enferma. Unos treinta días Adán la acompaña con amor en esa entropía kármica fuerte, hasta que ella logra irse recuperando. Luego se alejan nuevamente, reafirmando su decisión. Separarse amándose.
Este guion lo termino después de mucha auto terapia, lo que hoy ve, no lo veía con tanta claridad antes, por lo tanto, Adán no pudo disculparse como hubiera querido, pero también entiende que no es necesario un movimiento tan detallado, y que su amor por ella quedó reafirmado. Concluye, en fin, que ha estado catorce años enamorado, ya que el enamoramiento verdadero, trasciende la química hormonal, se transforma, y se comienza a vivir como “el amor que se sostiene a sí mismo” —miento, de mente, significa aquello que se sostiene a sí mismo. La mentira es aquella ira que se sostiene con necedad, pero el enamoramiento verdadero, es entender que la química es la parte de mentira, y que detrás de ello está la verdad absoluta (amor).—.
La película parece que termina con unas sugerencias de Adán. Donde dice;
Si tu amada te pide que la acompañes a la cama, deja de hacer lo que sea que estes haciendo, porque seguramente tu corazón está diciendo lo mismo que ella.
No temas intentar aclarar las cosas, a pesar de que no lo tengas claro. Entre dos, algo de luz aclarará el panorama oscuro, y eso es más sano que sostener un viejo panorama ahora dañino. Que quizás antes funcionaba.
No te culpes por lo que antes no veías, alégrate por lo que ahora ves.
Hemos llegado al fin del cuento. Espero que les haya gustado. Yo creo que este Adán está algo loco, pero misteriosamente algo de su película me resuena.
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